Sueño

Una noche tuve un sueño. Horrible. Estaba en el tinglado al que ya me referí y voy diariamente. Pero la diferencia era que lo visitaba de noche. Para mi asombro los caños, chapas y cisternas que durante el día lucían un óxido más o menos parejo, en el sueño estaban iridiscentes. De su superficie brillaban fucsias, y una gama inabarcable de colores fosforescentes. Rebotaban, entre ellos, esos fogonazos de luz. Hacían acordar a esas estrellitas que los chicos pegan en el techo de sus habitaciones. Y que cuando el cuarto queda en oscuridad, asoman su débil tintineo. Lo que era llamativo era el material de las estructuras. Juro que se veían iguales a huesos. De una ballena, o algún animal marino que ni los libros de biología sospechan. El techo del tinglado era sin duda su caparazón. Y los tubos, sus largas piernas.
Caminé debajo de él, con miedo a que me aplastara. Cuando llegué al mar pude verlo de frente. Es un modo de decir, porque ver un cangrejo de frente, es en realidad, verlo de costado. Digamos que es un bicho que enfrenta la realidad, de costado. Había otra cosa clarísima. Los dos faroles que había visto siempre apagados, eran sus ojos. Y estaban encendidos. Por ello, supongo, había un ejército interminable de cangrejos que abandonaban el mar y se dirigían al tinglado. Enceguecidos por esos ojos de cuarzo se introducían en una cámara situada en la panza del cangrejo. Seguí su dirección. Me ganó la curiosidad de saber, qué había en la oscuridad en la que todos decidían hundirse. Y por otra parte, debí moverme para no ser arrasado por el movimiento orquestado de ese batallón.
Dentro de la cavidad del cangrejo, observé que de la parte superior colgaban una hilera interminable de pinzas. Era transportado por una cinta mecánica, de ésas que se utilizan para correr dentro de las casas. El movimiento irregular de la cinta me hizo caer. Boca arriba vi descender dos pinzas sobre mi vientre. Con un simple tajo lo abrieron de lado a lado. Comenzaron a extraer mis intestinos. Me asombró su longitud. Jamás hubiera pensado que mi panza era capaz de alojar tantos metros de inestino arrollado. Sentí una molestia en la garganta. De un tirón me gue arrancada del fondo de la boca. Lógicamente era el comienzo de los intestinos, y como tal formaba parte de ellos. El tironeo siguió, y donde comencé a sentir una especie de cosquilleo fue en el ano. Estaba siendo literalmente vaciado. Lo más espantoso fue lo que hicieron después.
Casi a la altura del ombligo tironearon acertadamente en algo que terminaba en la punta de mi pene. Como un guante comenzó a desenfundarse. Pude advertir como iba quedando de mi miembro, apenas una piel blanda parecida a la del escroto. Una vez vaciado, las pinzas llevaron su trofeo hacia una cavidad que deglutía el troperío de un bocado. En el sueño también tenía una ocurrencia. Pensé lo siguiente, los cangrejos son astutos al no comer a los otros. Ellos comen directamente la comida de los otros. Me pareció una bellísima y terrible idea. Cuando desperté fui a buscar un vaso de agua. Con el primer trago sentí el mar en la garganta. Casi me ahogo. Afortunadamente, mi madre me auxilió de mala gana.

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