Después de lo que todos sabemos, el empeoramiento de los servicios públicos era ostensible. Es curioso como la irregularidad se incorpora tan fácilmente a nuestra vida cotidiana. No sé qué pensar. Si es una virtud propia de la normalidad. Digo la de asimilar con comodidad, hasta casi holgura, lo excepcional. O si lo que sucede es en realidad, al revés. En todo caso, era difícil aceptar que, tal como se decía oficialmente, el verdadero responsable de los apagones era el calor insoportable. Las temperaturas aquí variaron mucho. Escuché de boca de alguien, que hay países en los que no se vive el cambio de estación. El año, para ellos, consiste en una unidad sólo interrumpida por épocas de lluvias. En esas latitudes, llaman malecón a la costanera. Hay quienes dicen que nuestro país tiende a esa indistinción. Creo que se equivocan. Menos que a la indiferencia, a lo que tiende nuestro clima es a los extremos. Sin ir más lejos, el invierno pasado nevó por primera vez para muchos. Es que casi habíamos olvidado que nuestro cielo era capaz de nevar. Mi madre me mostró imágenes que se tomaron del acontecimiento. Calles, autos, casas y edificios, en una palabra, todo enfundado en una capa blanca de masapán. En cambio en verano, los picos de calor son tan elevados que acaban con la vida de mucha gente. Mi madre, me contó que antes, los grandes edificios parecían transpirar. Y no de calor, de frío. Empapaban las veredas. Se utilizaban unos equipos, llamados aire acondicionado, que al condensar el agua arrojaban su desperdicio a la calle. A pesar de que lo seguían haciendo, recomendaban a los niños no consumir ese líquido que no era del todo agua. Pero como esos equipos precisan de electricidad para funcionar, han pasado en esos lugares a ser elementos de decoración.
Esto venía a que los apagones de tan frecuentes, se han regularizado. Y la plasticidad de nuestras vidas se acomodó a esta situación. Como es lógico, el problema más grave es la refrigeración de los alimentos. Aprendí cuáles son perecederos. En realidad todos los son, pero hay algunos en los que el proceso de descomposición es más rápido. Los lácteos y la carne, por ejemplo, son los peores.
sal en casa. En casa había olor a mar.
Esto venía a que los apagones de tan frecuentes, se han regularizado. Y la plasticidad de nuestras vidas se acomodó a esta situación. Como es lógico, el problema más grave es la refrigeración de los alimentos. Aprendí cuáles son perecederos. En realidad todos los son, pero hay algunos en los que el proceso de descomposición es más rápido. Los lácteos y la carne, por ejemplo, son los peores.
sal en casa. En casa había olor a mar.
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